Esther es un personaje ficticio, sí, pero Sylvia Plath le prestó tanto de su propia vida que llega un momento en que una ya no sabe dónde termina Esther y dónde empieza Sylvia.

La campana de cristal —Sylvia Plath
Y claro, saber todo lo que hay de real detrás de esta historia no ayuda precisamente a que una la lea con mucha alegría.
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¿De qué trata La campana de cristal?
Esther Greenwood es una joven brillante que consigue una beca para trabajar en una prestigiosa revista en Nueva York. O sea, es joven, inteligente, está en Nueva York, tiene una oportunidad tremenda delante y debería estar pasándoselo bomba.
Pues no.
Desde las primeras páginas se siente que algo no está bien. Esther mira a las otras muchachas disfrutar, salir, hacer planes y seguir con sus vidas mientras ella parece estar mirando todo desde afuera.
Y cuanto más intenta imaginar qué va a hacer con su futuro, menos claro lo tiene. Porque el problema no es que Esther no tenga opciones. Es que ninguna de las opciones que el mundo le ofrece parece hecha para ella.
Mi opinión sobre La campana de cristal
Lo primero que me encantó fue la manera de escribir de Sylvia Plath. Parece que te está contando las cosas como quien no quiere la cosa: Esther anda por Nueva York, trabaja en la revista, conoce gente, sale, piensa sus cosas… y por momentos yo decía: bueno, ¿y para dónde vamos?
Pero vamos.
Porque Plath va dejando cosas por el camino que parecen no tener demasiada importancia hasta que, de pronto, la tienen.
La novela empieza, por ejemplo, con Esther pensando en la ejecución de Julius y Ethel Rosenberg en la silla eléctrica. Yo al principio pensé: bueno, esta muchacha también piensa unas cosas… Pero después Esther es sometida a electrochoques y aquello que parecía una observación cualquiera al principio ya no parece tan cualquiera.
Y este tipo de cosas son precisamente las que me tienen todavía pensando en el libro varios días después de terminarlo.
Pero si hubo algo que me interesó especialmente fue Esther y esa sensación de haber nacido en una época que no sabía qué hacer con una mujer como ella.
Porque Esther quiere escribir, viajar, tener experiencias, decidir qué hacer con su propia vida. Nada revolucionario en 2026. En los años 50 la cosa cambiaba bastante.
Se esperaba que las mujeres se casaran, tuvieran hijos y construyeran buena parte de su vida alrededor del marido. Y Esther mira ese futuro y básicamente piensa: ¿y esto es todo?
Ahí fue donde empecé a pensar muchísimo en Sylvia.
Porque muchas de las cosas que hoy vemos como completamente normales en una mujer podían convertirte entonces en extravagante, inadecuada, demasiado ambiciosa o, si nos ponemos cómodos repartiendo etiquetas, directamente loca.
Y Esther no encaja.
Pero lo triste es que, a medida que todo el mundo parece empeñado en recordárselo, ella también empieza a creérselo. Poco a poco, la cordura empieza a escapársele junto con todos los sueños que tenía para su vida.
Y aquí es donde saber cuánto hay de Sylvia Plath en esta novela cambia completamente la lectura.
Porque La campana de cristal es ficción, pero Esther comparte con Sylvia experiencias, aspiraciones y conflictos. Sylvia también fue una mujer intelectual y ambiciosa intentando encontrar su lugar en una época en la que todavía se esperaba que una mujer no quisiera demasiado de la vida.
Y entonces empiezas a leer a Esther y a pensar inevitablemente en Sylvia.
Para mí, una de las cosas que mejor hace Plath es meternos dentro de la cabeza de Esther sin ponerse a explicarnos constantemente que Esther está perdiendo el control. Tú lo vas sintiendo con ella.
El mundo sigue funcionando. La gente sigue haciendo planes. Las otras muchachas parecen saber perfectamente qué se supone que tienen que hacer con sus vidas.
Y Esther cada vez entiende menos cómo se supone que ella tiene que vivir la suya.
Hasta el título terminó gustándome más después de leerlo. Esa campana de cristal que la mantiene encerrada, viendo la vida continuar al otro lado pero sintiéndose completamente separada de ella, me parece una imagen tremenda para lo que vive Esther.
Han pasado varios días desde que terminé el libro y sigo pensando en él. En Esther, en Sylvia, en los electrochoques y en detalles del principio que después cobraron otro sentido.
Y ojo, que el libro ya me estaba gustando mientras lo leía. Lo que no esperaba era seguir leyéndolo en mi cabeza varios días después de haberlo cerrado.
📌 Veredicto
Una novela triste, inteligente y de esas que no se terminan del todo cuando llegas a la última página.
🔎 ¿Qué vas a encontrar en La campana de cristal?
🗽 Nueva York en los años 50
✍️ Una protagonista joven, brillante y ambiciosa
🧠 Salud mental
👩 Todo lo que se esperaba de una mujer y lo que pasaba cuando no querías cumplirlo
💭 La sensación de no encajar
⚡ Electrochoques y tratamientos psiquiátricos
📖 Muchísimo de la propia Sylvia Plath
Más libros sobre escritoras y salud mental
Y aquí volvemos al principio porque, si yo terminé leyendo La campana de cristal, fue por culpa de Rosa Montero.
En El peligro de estar cuerda habla de Sylvia Plath y de muchos otros escritores mientras explora esa relación tan curiosa entre la creatividad y la salud mental. Ese libro despertó mi curiosidad por Sylvia y ahora, después de conocer a Esther, entiendo todavía mejor por qué su historia tenía un lugar allí.
Miren ustedes si los libros son peligrosos: lees uno y terminas comprando otro 😂
💬 Te leo en comentarios
Ahora quiero saber si a ustedes también les ha pasado:
¿Qué libro has leído porque otro libro te llevó hasta él?


